¡Que viva México!

Muchos fueron los extranjeros que se enamoraron de nuestro país y dejaron registro a través de sus fotografías. Uno de ellos fue Sergei Eisenstein. 

El 7 de diciembre de 1930 llega a México el director cinematográfico más avanzado de la Vanguardia Soviética y para muchos, el mejor del mundo: Sergei Eisenstein.

Durante 14 meses recorrió todo el territorio mexicano, logrando recopilar una gran cantidad de imágenes, con las cuales pretendía enseñar una imagen nueva de México, diferente a la que mostraba Hollywood, la cual era de contenido racista, sexista y denigrante. Con la ayuda de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Manuel y Lola Álvarez Bravo, Carlos Mérida entre otros, pretendía filmar su película ¡Que Viva México!. Sin duda alguna, la película hubiera sido un éxito magistral, ya que sería la síntesis de las Vanguardias Soviéticas y Mexicanas, que en algún sentido eran las más avanzadas, ya que se percibían como consecuencia de las dos revoluciones políticas que habían derrocado. 

En El Universal, (diciembre 9 de 1930), Eisenstein afirmó: “[...] Vengo a México [...]  a hacer una película sobre este país, de cuyo pueblo y de cuyo arte soy un gran admirador; una película que muestre al mundo entero las maravillas que aquí se encierran. En estos momentos existe en Europa gran interés por México, y quiero mostrarlo tal cual es, para lo cual espero obtener la cooperación del pueblo y para el desarrollo de mi proyecto deseo entrar en contacto desde luego con artistas, fotógrafos, etc/ Durante un mes aproximadamente me dedicaré a estudiar el ambiente mexicano, y después procederé a la manufactura de la película basada en un asunto local. Tras este estudio decidiré si la obra la basamos en un argumento determinado o en una exposición fiel del país, de sus costumbres y de su pueblo, documentándome previamente en visitas que realizaré el Distrito Federal y regiones inmediatas y al Istmo de Tehuantepec y a Yucatán, pues no omitiré por ningún motivo las famosas ruinas de Chichén Itzá, y mi interés por el folklore local es enorme […]















Convirtiéndose en Alice Springs

Nacida como June Browne, mejor conocida como Alice Springs y casada con Helmut Newton.  Su carrera fotográfica comienza debido a un “accidente feliz”: París, 1970, Helmut Newton cae enfermo de una fuertísima gripe y no puede realizar unas fotos para una campaña de cigarrillos francesa; June le pide que le enseñe  “los básicos” para manejar su cámara, y es ella quien se presenta en la sesión en lugar de su marido.
June tomará el seudónimo de Alice Springs en honor a  un manantial que corre por su natal Australia, algunos aseveran que eligió usar un seudónimo para que no se le relacionara con Newton (aunque llegaron a trabajar juntos en diversos proyectos). Los más fieros críticos de su trabajo no perciben diferencia alguna entre la fotografía de Spring y la de Helmut Newton,  descalificando por completo su obra; sus defensores opinan que ella le imprime una mirada femenina a las fotografías, su lente es más sutil que el de su esposo,  sus objetivos se sienten más cómodos frente a su cámara,  por lo cual hay un fluir más natural que en las de Newton.
Lo cierto es que la influencia de Newton sobre Browne es innegable y viceversa, hay momentos en que no se distingue el trabajo de uno del otro, no porque sean idénticos, más bien se trata de un diálogo que han establecido entre ambos, una poética que han creado a través de la iluminación, montaje, selección de tomas y un erotismo infinito.
Retrato de June Brunell

Foto publicitaria para el Salón David

Autorretrato de Alice Springs

El secreto de Elizabeth Taylor

fotogénico, ca.- que tiene buenas condiciones para ser reproducido por la fotografía.



La modernidad impera. La modernidad exije.
La modernidad pretende condensar su historia a través de las imagenes.
La modernidad transforma mediante la fotografía a una persona en personaje. Espectamos la apoteosis. La fotografía "socialmente comprometida " se destina a las clases bajas, a los marginados en espera de un lugar privilegiado inconcebible en tanto que de la escritura de la historia se encarguen los triunfadores, y por ende de la manipulación de las imagenes.
La modernidas prefiere las luces a las sombras.
Ilumina rostros que signifiquen la cultura, rostros convenientes, rostros hermosos, rostros que respondan al canon de belleza "exquisita" e inalcanzable,  codificada y sobre todo, reproductible: rostros fotogénicos.

Según una encuesta realizada por mymemory.com, Elizabet Taylor es la estrella más fotogénica de la historia. ¿Qué quiere decir esto? Que gracias a un estudiado comportamiento, era capaz de ofrecer la ilusión de revelación interior con ayuda de la cámara, de mostrarse tal cuál es o mejor mostrarse tal y como se había construido, crear una imagen verosímil de su personaje que dejara a los ingenuos boquiabiertos, transmitiendo una emoción calculada sirviendose de su indiscutible atractivo.

Si bien su rostro angular y sus rasgos faciales jugaban a su favor con proporciones armónicas y la simetría de sus facciones, las fotografías de Elizabeth Taylor funcionaban gracias al mecanismo que operaba tras su gestualidad y por supuesto, el maquillaje.
 
Elizabeth Taylor sabía perfectamente qué hacer frente a  la cámara: evitaba mirar directamente a la cámara para evitar deformaciones y la acentuación de la más leve asimetría, bajaba un poco la cabeza para hacer parecer sus ojos violeta (exhaltados hasta la repulsión), vestía prendas de colores vivos que contrastaran con su mirada y le añadieran vivacidad, profundizaba su expresión ocular con maquillaje pesado en el contorno, y relajaba la cara hasta el punto exacto que transmitiera una serenidad sensual inigualable. Representando así uno más de los rostros arquetípicos de la elegancia.
 
El solo rostro de Elizabeth Taylor expresaba de tal manera la imagen de si misma que Norteamérica quería transmitir al mundo que hasta Yosuf Karsh prefirió retratarla del cuello para arriba sin prestar atención a sus manos que constituía lo más representativo de sus fotografías. El rostro de Elizabeth Taylor sobraba y bastaba para que los Estados Unidos dijeran al mundo: esto es lo que somos. Esta es nuestra perfección. Esta es nuestra sociedad. Esta es nuestra historia. Esto es la fotogenia. Y hasta hoy, nadie escapa de la fórmula, buscando incluso explicaciones científicas para justificar lo que entendemos por cara bonita.



Anton Bruehl en México

Interesado en fotografiar -de la manera más natural posible- a los indígenas mexicanos y no tanto paisajes o edificios, las fotografías de Anton Bruehl (1900-1982) son muy cuidadas, planeadas y con una pureza tal que las vuelve finas y delicadas a la vez que muestra el alma de cada personaje. Nacido en Australia, llegó a Nueva York con su hermano Martin en 1919 y realizó estudios en el Clarence W. White School of Photography para más tarde abrir su propio estudio de fotografía. En 1931, por encargo del editor Condé Montrose Nast, trabajó al lado del también fotógrafo Fernand Bourges en las revistas Vogue, Vanity Fair y House & Garden. Ansel Adams describió su trabajo como "ingenioso y a la vez absolutamente sincero".


Anton BRUEHL | not titled [Two girls sitting on a sofa looking at a book]



En 1931 Bruehl viajó a México, donde realizó la mejor y más conocida serie de fotografías, una buena parte de éstas fueron publicadas por Alma Reed de los Delphic Studios en 1933 con el título de Photographs of Mexico. Refiriéndose al trabajo de Bruehl, José Clemente Orozco consideraba que era la realidad de México revelada por un gran fotógrafo. En palabras del propio Bruehl: 

Para mí, la belleza de este país se encuentra en su gente y en su sencillo modo de vida. Sus rostros son apasionantes, de una belleza extraña, belleza que muestra siglos de sufrimiento. Sus ojos tienen un fulgor que refleja un raro orgullo.
Por doquier la gente fue amistosa y paciente con la mecánica de la cámara, por tanto las escenas ante mis ojos siempre me parecieron sinceras y sin afectación alguna. (1)



Anton BRUEHL | Tomando el sol, San Juan Teotihuacan [Taking the sun, San Juan Teotihuacan]
Anton BRUEHL | Master potter, Mexico City


Anton BRUEHL | Dolores


Anton BRUEHL | Young girls of the pueblo


Aunque las fotografías son posadas, vale la pena establecer que efectivamente, mantienen una gran naturalidad, registran el instante. Muestran, en mi opinión, la personalidad de cada uno de los retratados, el agotamiento y preocupación, quizá, de una madre con su hijo; las miradas íntimas y rostros que nos hablan de sencillez y simplicidad. Personajes en su entorno natural que a la vez nos hablan de su estilo de vida y costumbres. Y termino este texto con una declaración de Orozco:

Cuántos pintores han intentado reproducir estos rostros, estas escenas, estos movimientos rítmicos. Todo en vano... El trabajo de Bruehl es algo más que reproducción. (2)


1. Olivier Debroise, Fuga mexicana, p. 206
2. Íbidem

Recomiendo visitar:
http://nga.gov.au/Exhibition/BRUEHL/Default.cfmmystartrow=1&realstartrow=1&MnuID=3&GalID=3


Mariana Yampolski en el MAP


Aunque no lo parezca, la fotografía y el arte popular comparten mucho más de lo que se cree. Ambos son creados con un punto de vista único que aflora a través de juegos de líneas, texturas y colores, con el propósito de expresar el sentir del artista manifestando su interés, a veces con un recuerdo o con una vivencia que le dé forma a una comunión sensible con el espectador.

Este es el caso de Mariana Yampolsky, una artista que con sus fotografías, libros y grabados comparte el gran respeto y admiración que sentía por México. Viajando por toda la república, Mariana se interesaba por compartir todo lo que hace y siente la gente, dignificando sus actividades y quehaceres, mostrando facetas ignoradas o denunciando injusticias, a la par de promover tradiciones y transformar a la sociedad desde el arte. Ella propone en las ideas y las formas, como los artífices del arte popular.

Mariana tenía una visión muy particular del mundo. Le encantaba descubrir en cualquier recoveco algo valioso y coleccionarlo. Entendía el valor artístico de los productos de un individuo y de lo colectivo. Se dejaba atrapar por las maravillas del arte popular y las costumbres que lo acompañan. La riqueza de México y sus coloridos fueron los detalles que la asombraron dentro de su día a día. La curiosidad siempre destacó en la forma de ser de la fotógrafa. Elena Poniatowska da cuenta de su asombro por México y el talento que tenía para aislar los detalles que permitían apreciar la belleza de lo cotidiano: “¡Con qué emoción fijó para siempre sus juguetes populares, sus anafres y hamacas, sus comales, sus costumbres, sus fiestas y sus paisajes!”.

Desde los 19 años, Mariana decidió cambiar Chicago por México para unirse al Taller de Gráfica Popular 1944, en donde conoció a personalidades de la talla de Leopoldo Méndez, Alberto Beltrán, Pablo O’Higgins y Alfredo Zalce. En este grupo, existía el discurso revolucionario con la visión de rescatar la imagen del trabajador de cuello azul para promover ideas políticas, adoptando causas populares y buscando la reducción de la injusticia e intolerancia, exaltando al indígena y al trabajador común.

A diez años de su muerte, el Museo de Arte Popular (MAP) en colaboración con la Fundación Cultural Mariana Yampolsky, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Instituto Nacional de Bellas Artes, por medio de la Coordinación Nacional de Artes Plásticas, conmemoró a la fotógrafa con la exposición
Mariana Yampolsky. Mirada que cautiva la Mirada.







Fuente:
Estilo México, mayo 2012
Texto: Arturo Barrera Hernández
Estracto del artículo sección MAP

De Fotógrafos y de Indios / Los Hombres del Campo

En esta ocasión propongo mostrar dos libros de fotografía referentes a México, uno de los indígenas en la visión y perspectiva de varios fotógrafos mexicanos y el otro del campo de México visto por un fotógrafo extranjero.


Libro De Fotógrafos y de Indios
Armando Bartra, Alejandra Moreno Toscano y Elisa Ramírez

Presentación
Los autores Armando Bartra, Alejandra Moreno Toscano y Elisa Ramírez proponen reflexionar sobre una de las formas dominantes del romanticismo mexicano: el indigenismo fotográfico. Lo hacen a partir de un acervo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, rico en imágenes representativas de fotoreportaje, de la etnografía universitaria y de la cultura post-contestataria de los últimos veinte y cinco años. Nos enfrenta a nuestra propia mirada y a nuestra propia ceguera. Esta selección de fotos provoca la conciencia de una imagen que sa ha impuesto a los indígenas contra una  imagen que ahora los indígenas nos imponen de sí mismos. Paradójicamente, al dar vida a este archivo se descubre que se están reviviendo los propios fantasmas. En las páginas de este libro las ausencias resultan ser más significativas que las presencias: la ausencia del indígena real, que desapareció frente a su imagen bucólica, y la desparición del campesino, mistificado en una perpetua fiesta. La eterna “Guerra de imagenes” sigue formando parte de la dolida conciencia social. Este libro se publicó en el año 2000, el material es fabuloso, con el diseño se ganó el Premio en la Feria del Libro del Museo de Antroplogía de ese mismo año. 








Libro Los Hombres del Campo
Leo Matiz

Presentación del libro
Se decidió hacer este proyecto para honrar y reconocer el esfuerzo que han hecho siempre los hombres del campo mexicano. No podemos olvidar que, a través de sus costumbres nos dan orgullo, firmeza, amor por nuestra tierra, sentido de pertenencia, noción de patria, en síntesis factores claves de la identidad nacional. Los hombres del campo son hombres de principios, de esfuerzo, compromiso y, sobre todo, aman la naturaleza, de ahí su gran nobleza. Pero tenemos que reconocer que requieren hoy capacitación, ayuda, confianza e impulso de los demás mexicanos. Es nuestra responsabilidad retomar los valores de los hombres del campo y adecuarlos a la visión de cara al próximo milenio. Por las páginas de Los Hombres del Campo desfilan imagenes de ayer y de hoy. Rostros, manos y paisajes, testigos de nuestra geografía, rica y vasta, de la hermosa y compleja naturaleza humana. Leo Matiz pone en manifiesto su arte al servicio del México más hondo, más esencial.








Difunden el universo apabullante del fotoperiodista Nacho López

Comparto esta nota publicada el día de hoy en La Jornada dedicada a Nacho López.

Difunden el universo apabullante del fotoperiodista Nacho López

Mariana Yampolsky en el jardín de Edward James.

Con una formación en pintura y escultura por la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Mariana Yampolsky se dedicaría primero al grabado y después a la fotografía. En sus imágenes nos ofrece la mirada de quien fue testigo de la vida cotidiana de muchos de los pueblos originarios de México durante la primera mitad del siglo XX. Yampolsky, nacida en Chicago, se nacionalizaría mexicana en 1958; cautivada por un país que, si bien ya entraba en un periodo de modernización, se mantenía fuertemente enlazado con sus tradiciones antiguas.
 

Además del retrato casi documental del mundo rural e indígena, otros de sus temas en su obra fotográfica, es el de la arquitectura popular mexicana, la representación de los volúmenes y espacios en los ámbitos no urbanos: la arquitectura vernácula, haciendas, templos cristianos edificados durante el porfirismo, etcétera. En sus recorridos por la provincia mexicana Yampolsky tomó imágenes de esta arquitectura en Tlacotalpan, Aguascalientes, Zacatecas.




Uno de sus últimos trabajos fotográficos, realizado en los años noventa, lo dedicó al jardín edificado por Edward James en Xilitla. James, un inglés adinerado avecindado en México, mecenas del grupo de los Surrealistas, quien en el año de 1947 comenzó a erigir en la huasteca potosina una construcción de geometrías excéntricas y que continuó ampliando hasta su muerte.

No era la primera ocasión que un fotógrafo tomaba una serie dedicada a este singular espacio, sin embargo es una muestra del interés que Mariana Yampolsky siempre manifestó por la arquitectura, en este caso, de un carácter excesivo y, por estar rodeado de la exuberante vegetación, casi fantástica. De esta experiencia publicaría un libro de fotos de nombre El jardín de Edward James (Centro de Investigación Fotográfica, Zacatecas, 1998).



Referencias.
1. Guzmán Urbiola, Xavier, “Mariana Yampolsky y la arquitectura”, en Diseño y Sociedad, número 14, 2003, pp. 61-71
2. Debroise, Olivier, Fuga mexicana. Un recorrido por la fotografía en México. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2005.
3. Monsivais, Carlos, Historia Mínima de la Cultura Mexicana en el Siglo XX, El Colegio de México, México, 2010.

Olivier Debroise


Olivier Debroise
BC-3 nueva fotografía en Baja California

Olivier Debroise nació en Jesuralen, Israle, en el año de 1952 y murió en la ciudad de México en el 2008. Desde 1969 radicó en México. Se le reconoce como autor de múltiples ensayos sobre las artes plásticas y fotografía. Fue colaborar de La Jornada y Nexos y algunos de sus libros publicados son Fuga Mexicana, un recorrido por la fotografía en México editorial GG.

Debroise además de escribir y contar con una formación como crítico en las artes se dedicó también a la curaduría. Dentro de sus trabajos curatoriales destaca el que realizara en la ciudad de Tijuana en el año 2003: BC-3 nueva fotografía en Baja California.

Su trabajo como curador en la exposición BC-3 nueva fotografía en Baja California, fue una muestra enfocada en presentar nuevas propuestas de artistas nacidos y radicados en el estado de Baja California, quienes utilizan la imagen como resultado final para dar formato a sus conceptos establecidos entornos a temas personales, sociales o políticos. En BC-3 nueva fotografía en Baja California, la imagen fue presentada en distintos medio desde la fotografías digital, análoga, video y escáner.

Olivier Debroise en una entrevista realizada por Patricia Blake para el periódico Frontera en septiembre del 2003 aseguro que: “No quise limitarme a un solo género, a una fórmula, entonces el resultado fue una mezcla bastante ecléctica que va desde el minimalismo hasta algo con tintes más barrocos, pasando por el fotoperiodismo”.

La muestra incluía imágenes de Melisa Arreola, Alfonso Cardona, Roberto Córdova, Gabriela Juárez, Hugo Lugo, Yuri Manríquez, Itzel Martínez, Alicia Tsuchiya, Jorge Sánchez “Jofras”, así como unas imágenes de mi autoría.

Olivier Debroise trabajó con la curadora Abril Castro quien fue comisionada como un lazo entre los artistas y Debroise.

Para Olivier Debroise la muestra contaba con trabajos muy diversos: Me sorprendió encontrar a muchos que están trabajando temas muy personales, individuales, que no muestran una representación de la ciudad de la frontera o del paisaje de Baja California, como se ha venido haciendo” señaló para el periódico Frontera.

BC-3 nueva fotografía en Baja California dejó como evidencia que la nueva fotografía iba mas allá de temas fronterizos o clichés establecidos en el pasado, la muestra fue un epicentro a nuevas propuestas que arriesgaban tanto en los temas y en su técnica.

The shapping of new visions: photography, film, photobook


En las galerías de fotografía Edward Steichen del MoMA

Esta exposición, que abarca un periodo de 1910 a la fecha, ofrece una revaloración crítica del rol de la fotografía en los movimientos avant-garde y neo-avant-garde, -con un énfasis especial en su relación con Dada, Bauhaus, Surrealismo, Constructivismo, la Nueva Objetividad, el arte Conceptual y Post-Conceptual- y el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas.

El proyecto integra cerca de 250 obras de la colección del MoMA, obras de grandes proyectos de Man Ray, Lászlo Moholy-Nagy, Aleksandr Rodchenko, Germaine Krull, Gerhard Rühm, Helen Levitt, Daido Moriyama, Robert Heinecken, Ed Ruscha, entre otros. La historia fotográfica se presenta como una historia polivalente de distintas “nuevas visiones” enraizada en ejercicios poco convencionales e innovadores que van de los fotogramas y los fotomontajes a las películas experimentales y los libros de fotografía.







Graciela Iturbide y la medusa de Juchitán: “Nuestra señora de las iguanas”



La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (1942-) trabajó de 1979 a 1985 en la elaboración de una carpeta de fotografías donde retrataba a la gente de Juchitán, una comunidad zapoteca del estado de Oaxaca. Iturbide, durante los seis años que tardó para elaborar su trabajo, convivió de cerca con la gente, se ganó la confianza de los habitantes, vivió entre ellos y con ellos, participó en las actividades diarias, se integró a las fiestas y rituales. La fotógrafa se interesó, principalmente, en las mujeres y los niños; observó que se trataba de una sociedad matriarcal en donde las mujeres se imponen y dominan ya sea como curanderas, líderes políticos, y soporte de las familias.

Mientras Iturbide estudiaba en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos conoció a Manuel Álvarez Bravo, de quien aprendió sobre las culturas y tradiciones indígenas de México: "Él abrió la puerta un poco para que yo pudiera conocer a mi país y comenzar a comprender sus distintas culturas.”[1]

“Nuestra señora de las iguanas, Juchitán”, de 1979, retrata a Zobeida, una vendedora en el mercado que lleva su mercancía en la cabeza como si fuera una corona. El rostro de la mujer muestra fortaleza y seriedad; la figura femenina se impone transmitiendo confianza y seguridad. Lo humano y lo animal parecen conjugarse para crear un ser mítico; la mirada de ella se dirige hacia lo más alto, pero también las iguanas parecen erguirse como si aspirarán a algo más: “Sólo una foto, de las doce que tomé de ella, me agradó, porque era la única donde las iguanas levantaron las cabezas como si estuvieran posando ante mi cámara.”[2]


Graciela Iturbide, Nuestra señora de las iguanas, Juchitán, 1979. 53.3 x 43.2 cm.



Fuentes electrónicas consultadas:
-Smithsonian, Art&Culture, Day of the Iguanas, de Lynell George.
(Consultada el 24 de septiembre de 2012)

-The J. Paul Getty Museum, The Goat's Dance: Photographs by Graciela Iturbide
(Consultada el 24 de septiembre de 2012)



[1] Graciela Iturbide, Eyes to Fly With, Austin, University of Texas, p. 9.
[2]  Lynell George, Day of the Iguanas, en “Smithsoniasn, Art and Culture”. http://www.smithsonianmag.com/arts-culture/indelible-iguana-200809.html

Guillermo Kahlo

 


La fama de su hija le precede, sin embargo este inmigrante alemán, tiene una interesante obra fotográfica que se distingue de la de  otros fotógrafos extranjeros que captaron imágenes en México por su fotografía de la arquitectura colonial y moderna de  principios del siglo XX.

Después de dedicarse al comercio, se inicia profesionalmente en la fotografía. En  1899  ya tenía su estudio,  y en 1901 anunciaba en la prensa la realización de “toda clase de trabajos del ramo de la fotografía. Especialidad: edificios, interiores de habitaciones, fábricas, maquinarias, etc., se reciben órdenes para fuera de la capital”

Realizó seguimientos fotográficos de nuevas edificaciones de la ciudad de México, desde su construcción hasta su inauguración, como la Casa Boker,  el edificio de Correos, el Palacio de Bellas Artes, la cimentación de la Columna de la Independencia. Fue contratado por régimen de Porfirio Díaz para hacer un inventario fotográfico de los inmuebles de la iglesia que cambiaron de propiedad bajo el mandato de Juárez, labor que realizó entre 1904 y 1908 en diferentes estados.

Fue parte del equipo que organizó los preparativos para el Centenario de la Independencia, su cámara fue el medio para propagar la imagen del progreso porfirista. Sin duda,  su obra fue olvidada por esta afiliación ideológica y por la ausencia en su obra  de la parte pobre y marginada del México pre-revolucionario.

Sus fotografías son imágenes limpias, ordenadas, simétricas y sin desviaciones pintorescas;  se percibe que los edificios han sido meticulosamente estudiados y que el propósito del fotógrafo es principalmente el de registro y control.  A pesar del carácter documental de su obra, tiene fotografías en las que los juegos geométricos de la arquitectura, son capturados como motivos abstractos, en otras, las máquinas y el hierro adquieren dimensiones escultóricas.

Su estética no es ajena a los esquemas visuales neoclásicos y académicos, sin embargo, también destaca las innovaciones técnicas y constructivas de la época, probablemente, por este rasgo de su obra, se le considera como uno de los precursores de la modernidad fotográfica del siglo XX. 

Casa Boker

Cúpula de la Catedral de México



Cúpula de la Catedral de Puebla



Nave de la Catedral de Puebla


Fachada de la Iglesia de Santa María Tonanzintla


Construcción del Palacio Legislativo





Referencias:

Krieger, Peter. Corrección e inspiración. Reflexiones en torno a una monografía sobre el fotógrafo Guillermo Kahlo. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Num. 90. 2007.  







OTRAS MIRADAS

La Fototeca Nacional del INAH, cuenta entre sus Fondos, con uno muy particular que reúne la obra de estos dos fotógrafos estadounidenses y contemporáneos entre sí, quienes visitaron nuestro país durante los últimos años del siglo XIX y se mantuvieron en activo durante la primera década del siglo XX, antes de que estallara el conflicto revolucionario.

Charles B. Waite (1861-1929) y Winfield Scott (1863-1942), pertenecen a la última generación de fotógrafos viajeros, que durante las primeras décadas del siglo XX todavía, se solazaron con el paisaje y la diversidad cultural predominante en el amplio territorio mexicano, de lo cual da testimonio su vasta producción de 5,000 imágenes realizadas en su mayoría en placas secas de gelatina de bromuro de plata y abarca los más variados temas de la geografía y cultura mexicana.






Waite y Scott están entre los primeros por la cantidad de viajes y kilómetros recorridos en ese afán de buscar lo diferente y lo “exótico”, de la cultura de nuestro país, su gente y su paisaje. En este sentido se diferenciaron de la mayor parte de sus colegas mexicanos, que daban mayor relevancia al trabajo de estudio, concentrado en las ciudades y en el género del retrato, ajenos al conocimiento y al registro de la realidad del país, cuya población era predominantemente rural en más de un 70 por ciento.

Se consigna que Scott y Waite contribuyeron a reafirmar ciertos estereotipos nacionales que todavía durante la primera mitad del siglo XX, seguían atrayendo la mirada del exterior.